EL SÍNDROME DEL TÚNEL DEL TARSO

El síndrome del túnel del tarso es una neuropatía por atrapamiento del nervio tibial posterior o de sus ramas, dentro del túnel del tarso. Esta patología, que se diagnostica regularmente, da lugar a una serie de síntomas que pueden afectar a otros niveles del pie.

Pero, ¿Qué es el túnel del tarso? Se trata de una estructura fibro–ósea situada debajo y detrás del maléolo interno, en el tobillo. En su interior se encuentran estructuras como el tendón del músculo tibial posterior, el tendón del músculo flexor largo del dedo, la arteria y la vena tibiales posteriores, el nervio tibial posterior y el tendón del músculo flexor largo del primer dedo.

Las causas del síndrome del túnel tarsal, pueden ir desde osteofitos, tendinopatías o ensanchamientos venosos; hasta tumores como el lipoma, el neurilemoma o el osteosarcoma; pasando por  lesiones que afecten a las estructuras que atraviesan el túnel del tarso, deformidades del arco longitudinal interno del pie, artropatías inflamatorias o traumatismos como los esguinces o las fracturas.

De gran importancia en este síndrome, son las alteraciones de la marcha y la pisada, destacando especialmente las deformidades del retropié en varo o en valgo, la hiperpronación y el pie plano.

Sus síntomas asociados son el dolor a la palpación directa sobre el túnel del tarso, que se irradia hacia el arco longitudinal interno y cara medial del talón; unido a opresión, ardor o quemazón y sensación de hormigueo y entumecimiento.

Estos síntomas son exacerbados por actividades tales como estar de pie o caminar de forma prolongada, pudiendo aparecer con frecuencia durante la noche. El reposo y la elevación de la pierna suelen aliviar los síntomas.

El tratamiento de esta patología debe ir dirigido a la causa específica que la provoca, de este modo conseguiremos mayor número de resultados positivos. Dentro de las opciones de tratamiento incluimos las ortesis plantares (plantillas), que son de gran ayuda para reducir la presión excesiva a la que está sometido el nervio.

Otros tratamientos incluyen fisioterapia, medicación antiinflamatoria, reposo y aplicación de hielo, llegando incluso en casos graves a ser necesaria la inmovilización con una férula nocturna y/o bota “Walker”.

Por supuesto, el tratamiento con ortesis plantares, debe ser tenido en cuenta no sólo cuando ya ha tenido lugar la aparición de dicha patología, sino también como tratamiento preventivo; especialmente en pacientes con deformidades en el pie o alteraciones en la marcha.