Hablamos sobre la diabetes

La diabetes es una enfermedad crónica en la que tiene lugar una alteración en la producción de insulina, una hormona producida por el páncreas que se encarga de mantener estables los niveles de glucosa (azúcar) en sangre. Cuando su producción no es adecuada, ésta se eleva (lo que se conoce con el nombre de hiperglucemia), ello conduce a la aparición de enfermedades cardiovasculares, enfermedades renales crónicas, alteraciones oculares, y de miembros inferiores.

Actualmente, esta enfermedad afecta a más de 422 millones de personas. Su elevada mortalidad, su elevado impacto y el alto coste que supone la convierten en un problema de salud público que debe ser abordado multidisciplinariamente con la finalidad no sólo de tratar la enfermedad, sino también de prevenirla. Las estrategias de promoción de salud se hacen más que necesarias y el mensaje que debe llegar a la población debe centrarse en la modificación de factores de riesgo potencialmente negativos para el desarrollo de la enfermedad.

La obesidad y la inactividad física son dos factores de exposición fuertemente asociadas a la prevalencia de esta enfermedad. Por ello, la base fundamental del tratamiento de la enfermedad para evitar la aparición de complicaciones se basa en 4 pilares: Dieta, ejercicio, medicación (si procede) y educación diabetológica.

  1. Dieta: Constituye un elemento básico para la prevención y tratamiento de la diabetes. Ha de estar focalizada en la obtención del normopeso del individuo, el mantenimiento óptimo de los niveles de glucosa en sangre y el buen control lipídico y de presión arterial. En individuos con diabetes la proporción de ingesta de nutrientes se recomienda como sigue: 50% – 60% ingesta de hidratos de carbono, menos del 30% grasas y 15%  de ingesta proteica. Así mismo, se recomienda que la ingesta calórica se corresponda con el grado de actividad física y el peso previo del paciente, manteniendo así un equilibrado balance energético.
  2. Ejercicio físico: Tiene un nivel de recomendación alto por ser especialmente beneficioso en paciente diabéticos, ya que no sólo mejora el control glucémico, la respuesta a la insulina y las concentraciones de hemoglobina glicosilada hasta en el 0.6%; sino que también produce una disminución significativa del tejido adiposo visceral y los triglicéridos plasmáticos. Juega por tanto un papel importantísimo para prevenir y controlar la diabetes, la resistencia a la insulina, la prediabetes (a través de la pérdida de peso y la regulación metabólica), la diabetes mellitus gestacional y las complicaciones derivadas de la enfermedad.  
  3. Medicación: Se diferencian dos tipos fundamentalmente: las insulinas e hipoglucemiantes orales. La insulinoterapia es el tratamiento principal en diabéticos de tipo I y se hace necesario en los tipo II que no pueden controlar su enfermedad con dieta, ejercicio y/o hipoglucemiantes orales.
  4. Educación diabetológica: Incluye la información necesaria para que la persona conozca la enfermedad y los mecanismos de control disponibles para mantenerla estable, y por tanto mejora su nivel de independencia.