EL ESGUINCE DE TOBILLO

Un esguince no es más que el estiramiento excesivo de algún ligamento del cuerpo. La función de los ligamentos es la de aportar estabilidad al sistema óseo, uniendo entre sí varios extremos óseos pertenecientes a una misma articulación, que de otra forma; no podrían ser estables y realizar un movimiento firme.

Cuando el ligamento es estirado por encima de su capacidad elástica, como en una torcedura     –de ahí el nombre comúnmente asociado a esta lesión–; algunas de las fibras del ligamento se rompen perdiendo su continuidad y haciendo que la articulación pierda su estabilidad, de ahí la habitual sensación de inestabilidad, falta de equilibrio, o de fuerza, asociada a esta afección.

La gravedad de la rotura es de carácter variado, pudiendo llegar a romperse de manera completa el ligamento. Sin embargo, esto sólo ocurre en los casos más graves, que son a su vez los más extraños. De manera más habitual, el ligamento suele presentar una rotura parcial, sin pérdida completa de la estabilidad articular.

En el caso concreto del esguince de tobillo, nos estamos refiriendo a la articulación tibiotarsiana, o lo que es lo mismo, a la articulación formada por el extremo más distal de la tibia y el hueso astrágalo del pie. Aunque dicha articulación presenta diversos ligamentos que la estabilizan, hoy hablaremos sobre el esguince del ligamento lateral externo (LLE) del tobillo, pues estas torceduras suponen aproximadamente el 90% de los casos de esguinces en el tobillo.

El mecanismo lesional de esta lesión es el habitual, con un movimiento forzado y brusco en el que la punta del pie se dirige hacia la línea media corporal (hacia dentro), provocando una abertura de la parte externa de la articulación. Es precisamente en este lugar donde se sitúan los ligamentos que hemos mencionado anteriormente, estabilizando la parte externa de la articulación. El sobreestiramiento provocado por el movimiento forzado del pie, es lo que va a llevar a nuestro ligamento a romperse, sin que éste pueda hacer nada para evitarlo.

Una vez producido el esguince, es importante descartar la presencia de alguna fractura en el tejido óseo. Esto es debido a que sobrepasada la barrera elástica del elemento estabilizador de la articulación, la siguiente barrera física la establece el propio sistema óseo, el cual si no es capaz de soportar la tracción o el impacto; podrá romperse, provocando una fractura. Es por esta razón por la que se recomienda acudir al médico y realizar una radiografía en los momentos posteriores al esguince, en especial si éste ha sido aparatoso o de consideración. Además y en cualquier caso, será interesante la aplicación de frío local, sumado a elevación del pie y cierta compresión; a fin de reducir el edema acumulado.

Posteriormente, será necesaria la rehabilitación, con el fin de relajar la musculatura espasmada en el momento del accidente, reducir el edema restante, mejorar la cicatrización ligamentaria evitando así recidivas, fortalecer la musculatura que deberá suplir la acción ligamentaria, y reeducar la propiocepción y el equilibrio perdidos. Las manipulaciones osteopáticas de las articulaciones implicadas pueden ser de gran utilidad también si éstas se encuentras bloqueadas.

Finalmente, aquellos esguinces de mayor gravedad podrían requerir de estabilización de la articulación con escayola o incluso de intervención quirúrgica en los peores casos, en cuyo caso será necesaria la actuación del personal médico y/o de enfermería correspondiente.