LA PROPIOCEPCIÓN II

Tal y como os contamos en el artículo de abril, la propiocepción es una herramienta crucial con la que cuenta nuestro sistema nervioso a la hora de posicionarnos en el espacio y relacionarnos con nuestro medio interno. A través de una serie de “sensores” repartidos por todo el cuerpo, mantiene informado a nuestro cerebro, participando indirectamente en procesos como la coordinación o el equilibrio.

Cuando se produce una lesión, -como un esguince o un rotura muscular-, estos receptores específicos, que se encuentran “infiltrados” por todo el tejido afectado, también resultan dañados; viéndose alterada la información enviada al cerebro y por ende, su función.

Al no recibir una información de entrada (input) adecuada, el cerebro realiza una mala interpretación del estado y función de los elementos dañados, llevando a cabo una respuesta (output) inadecuada, basada en información errónea.

Esta situación favorece la repetición y/o cronicidad de una misma lesión. Un ejemplo típico es el del esguince de tobillo de repetición o crónico, comúnmente conocido como “esguince mal curado”, en el que la falta de una adecuada actividad propioceptiva altera la percepción del sistema   nervioso, modifica la coordinación de los elementos estabilizadores de la articulación del tobillo; y favorece la continua repetición del mecanismo productor del esguince, con torceduras que se repiten una y otra vez.

La fisioterapia en general y la reeducación propioceptiva en particular, suponen la herramienta perfecta en el tratamiento y prevención de este tipo de alteraciones, reequilibrando la musculatura implicada, reforzando con entrenamiento aquellos músculos que se presentan débiles, relajando aquellos con presencia de contracturas, mejorando y controlando la correcta cicatrización de la estructura lesionada; y entrenando de manera específica nuestros propioceptores para que vuelvan a informar al cerebro de manera adecuada.

Para finalizar, es importante destacar que en la mayoría de los casos la reeducación de la propiocepción, por razones obvias, se lleva a cabo en fases avanzadas del proceso rehabilitador, lo que en muchos casos implica que los síntomas principales de la lesión como el dolor o la limitación de movilidad asociados, ya no están presentes. Esto hace que muchos pacientes, al no percibir síntomas, abandonen el proceso rehabilitador antes de tiempo, sin que se haya completado adecuadamente la recuperación de los receptores propioceptivos; lo que por lo general y a la larga, suele acabar en la repetición de la lesión.

Recordad por lo tanto, que aunque no podamos sentirlos, estos pequeños receptores están ahí, que cualquier lesión los dañará y que su reeducación es igual de importante que la de la propia estructura lesionada; pues su correcta recuperación nos ahorrará problemas en el futuro.