EL SÍNDROME SUBACROMIAL

El síndrome subacromial, también llamado síndrome de impactación, síndrome de pinzamiento o impingement subacromial, consiste, tal y como su nombre indica; en un conjunto de síntomas (“síndrome”) asociados a una afectación de los elementos situados bajo el acromion (“subacromial”).

Pero para entender mejor qué es realmente el síndrome subacromial y qué problemas acarrea, antes debemos dejar claros algunos conceptos anatómicos y biomecánicos en relación con la articulación del hombro.

Desde un punto de vista óseo y sin entrar en demasiados detalles, el hombro o articulación glenohumeral, está constituido por dos huesos principales: el húmero en su porción superior y la escápula u omóplato en su porción glenoidea. Las superficies articulares de estos dos huesos toman contacto y permiten la movilidad principal de la articulación del hombro. La escápula, además, presenta una prolongación ósea llamada acromion que se sitúa en su parte superior y anterior, que como si de un “sombrero” se tratase, cubre a la articulación por encima. Si tocáis con vuestros dedos la parte superior de vuestro hombro, percibiréis una pequeña prominencia ósea. Este es vuestro acromion.

Para que este conjunto se mueva, es necesaria la actuación de múltiples músculos con diversas funciones específicas. Los músculos rotadores del hombro (supraespinoso, infraespinoso, redondo menor y subescapular), que se insertan en la escápula y cuyos tendones se prolongan hasta el húmero, pasando bajo el acromion; cumplen una función muy importante en la mecánica articular del hombro. En concreto, se encargan de estabilizar la articulación durante el movimiento, traccionando del húmero y fijándolo a la escápula, estableciendo así un punto de pivote sobre el que el resto de los músculos -más potentes-, realizarán el movimiento principal.

Como acabamos de mencionar, los tendones de estos músculos, -a los que se conoce de manera general como “manguito de los rotadores”-; pasan justamente por debajo del acromion, a través de un espacio que se conoce como espacio subacromial.

En condiciones normales, estos tendones disponen de un cierto espacio para moverse y cuentan con la protección de una pequeña bolsa llena de líquido llamada bursa subacromial, que limita el roce entre éstos y el acromion. Sin embargo; cuando por diversas circunstancias, se produce un compromiso de espacio entre los diferentes elementos mencionados, comienzan a generarse una serie de síntomas entre los que se encuentran: dolor en el hombro y en el brazo, limitación de la movilidad, “chasquidos” articulares, inflamación local, y a la larga; sobrecarga muscular de los músculos implicados y adyacentes y bloqueo de la articulación en los casos más graves.

Estos síntomas no son más que la consecuencia del roce continuado del hueso sobre los elementos subacromiales (bursa y tendones) que, con el tiempo, acaban inflamándose; limitando su correcta función. Partiendo de esta premisa, se puede inferir que la causa originaria de este síndrome puede venir de lejos y, por tanto, no generar síntomas hasta que la fricción continuada sobre las estructuras implicadas llega a producir un daño real sobre éstas.

Pero ¿por qué ocurre esto? ¿Cuál es la causa? A decir verdad, no existe una única causa. Los trau

matismos directos sobre el hombro, las caídas sobre las manos o los codos, los desequilibrios musculares, las posturas incorrectas y algunas anomalías congénitas del acromion, suelen ser las causas más comunes.

El tratamiento con fisioterapia es especialmente útil en caso de traumatismos, caídas y desequilibrios musculares y posturales, puesto que la relajación de los músculos sobrecargados y el fortalecimiento de los débiles favorece el recentraje articular y, por ende, su correcta función; normalizando el cuadro sintomático.

En los casos en los que la causa es un defecto congénito del acromion, la solución suele ser quirúrgica; cumpliendo la fisioterapia un papel meramente paliativo y de recuperación pre y postoperatoria.

Asimismo, y en cualquiera de los casos, en las fases agudas del proceso, sea cual sea su causa; el tratamiento médico con antiinflamatorios u otros medicamentos, así como las infiltraciones, prescritos debidamente por un facultativo; pueden ser de utilidad.