EL VÉRTIGO DE ORIGEN CERVICAL

El vértigo puede definirse como la sensación subjetiva de movimiento, de uno mismo o del entorno. A menudo se asocia a sensación de inestabilidad, pérdida de equilibrio (mareo) y náusea; pudiendo llegar a producir sensación de desmayo inminente.

“El vértigo es un síntoma, y como tal, puede ser generado por diversos trastornos o patologías”.

El vértigo es un síntoma, y como tal, puede ser generado por diversos trastornos o patologías. Desde algo tan “simple” como el consumo excesivo de alcohol o un acúmulo de cerumen en el oído, hasta tumores cerebrales o accidentes cerebrovasculares; pasando por traumatismos, alteraciones neurológicas como la esclerosis múltiple, descompensaciones de la tensión arterial o enfermedades con nombre propio como el síndrome de Menière. Sin olvidar, que el consumo de algunos medicamentos también puede provocarlo.

Sin embargo; en el artículo de hoy, nos centraremos en aquellos vértigos cuyo origen es cervical. ¿A qué se deben? ¿Tienen solución?

Para entender mejor el vértigo de origen cervical, antes debemos pararnos a analizar la anatomía del cuello, y en concreto, la de una arteria situada en la región, cuyo correcto funcionamiento resulta fundamental en la prevención del síndrome vertiginoso: la arteria vertebral.

La arteria vertebral, −o, mejor dicho, las arterias vertebrales, pues son dos−; se localiza en la parte posterolateral de la columna vertebral, y asciende, desde la arteria subclavia −donde nace−; atravesando las vértebras cervicales y el agujero magno −el de la médula espinal−, para ir a parar a una estructura arterial vital llamada tronco basilar, situada en la base del cráneo. Su función, grosso modo, es la de aportar irrigación sanguínea a la zona posterior del cerebro, al cerebelo y al oído.

“Dichas circunstancias, restan capacidad elástica y movilidad a la arteria, predisponiéndola a posibles compresiones y/o sobreestiramientos”.

Toda esta engorrosa y, posiblemente, confusa explicación anatómica, tiene un único objetivo: mostrar al lector, la complejidad anatómica de dicha estructura y su importancia vital en términos funcionales. Y es que, en su ascenso vertical, esta arteria debe atravesar unos cuantos agujeros estrechos en las vértebras y acodarse a 90º hasta en dos ocasiones, antes de alcanzar su objetivo final en la base del cráneo. Dichas circunstancias, restan capacidad elástica y movilidad a la arteria, predisponiéndola a posibles compresiones y/o sobreestiramientos. Estos cambios en la arteria modifican su caudal y terminan por disminuir el flujo arterial, lo que, en última instancia; se traduce en alteraciones de los órganos y estructuras a los que irriga la arteria. Como los órganos diana de la arteria se encargan, −entre otras cosas−, del control del equilibrio −recordemos que el cerebelo y el oído son fundamentales en este sentido−; el síntoma final es el vértigo.

“En este caso, resultará especialmente efectivo el tratamiento de la musculatura afecta con fisioterapia, a fin de eliminar el estímulo patológico sobre la arteria”.

A estas alturas del artículo, el lector ya se podrá ir oliendo la tostada. Efectivamente, si la situación natural de la arteria ya la predispone a generar el síntoma, cualquier elemento o condición que la altere, podrá desencadenarlo. Es por esta razón, por la que a veces nos mareamos al realizar movimientos bruscos del cuello. Normalmente, esta circunstancia es puntual y es habitual que nos recuperemos rápidamente, pues el caudal de la arteria vuelve a la normalidad en cuanto cesa el estímulo; sin embargo, cuando éste perdura en el tiempo, los síntomas también lo hacen. Es el caso de las contracturas musculares −especialmente en la región cervical alta−, que pueden presionar, comprimir y/o sobreestirar a la arteria de manera mantenida, prolongando el vértigo y sus síntomas anejos en el tiempo. En este caso, resultará especialmente efectivo el tratamiento de la musculatura afecta con fisioterapia, a fin de eliminar el estímulo patológico sobre la arteria. Asimismo, ciertos medicamentos, −siempre prescritos por un facultativo−; pueden resultar útiles a la hora de relajar la musculatura o de reducir el síntoma vertiginoso.

Finalmente, resta aclarar que, si bien resulta raro, en ciertos casos, el propio estado de la artería vertebral; por “desgaste”, esclerosis, calcificación y/o defectos congénitos, pueden generar también, per se; los síntomas. En este caso, si bien la fisioterapia podrá resultar coadyuvante en el tratamiento del síntoma, no resolverá el problema de base.

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