LA ESCOLIOSIS

En este nuevo artículo hablaremos sobre la escoliosis. A continuación, os explicaremos más detalladamente sus causas, su sintomatología y, por supuesto, qué podemos hacer para prevenirla o intentar paliar sus síntomas.

La escoliosis es una curvatura lateral anormal de la columna vertebral. En lugar de formar una línea recta desde el cuello hasta los glúteos, la columna tiene forma de C o S. Ocurre con mayor frecuencia durante el periodo de crecimiento anterior a la pubertad (lo que conocemos como “el estirón”). Aproximadamente el 3% de los adolescentes sufren escoliosis.

La mayoría de las veces, se desconoce la causa de la escoliosis (escoliosis idiopática). Es el tipo más común y se clasifica por edades:

  • En los niños de 3 años o menos, se denomina escoliosis infantil.
  • En los niños de 4 a 10 años, recibe el nombre de escoliosis juvenil.
  • En los niños mayores de 11 a 18 años, pasa a llamarse escoliosis adolescente.

Otros tipos de escoliosis son la congénita, que se presenta al nacer y se produce cuando las costillas o vértebras del bebé no se forman correctamente, y la escoliosis neuromuscular, que es causada por afecciones en el sistema nervioso que afectan a los músculos. Estas afecciones pueden ser parálisis cerebral, distrofia muscular, espina bífida, polio, etc.

“Tres datos importantes sobre esta patología son que puede ser hereditaria […], que ocurre con mayor frecuencia en niñas y que si existe un rápido crecimiento, la curvatura de la columna puede empeorar”.

Tres datos importantes sobre esta patología son que puede ser hereditaria (aunque la mayoría de los niños que la padecen no tienen antecedentes familiares), que ocurre con mayor frecuencia en niñas y que si existe un rápido crecimiento, la curvatura de la columna puede empeorar.

La mayoría de los casos de escoliosis son leves, pero algunas deformidades de la columna vertebral continúan empeorando a medida que los niños crecen. La escoliosis grave puede ser incapacitante. Una curvatura especialmente grave en la columna vertebral reduce el espacio dentro del pecho, lo cual puede dificultar el correcto funcionamiento de los pulmones y el corazón.

La escoliosis en adultos es una curvatura de la columna vertebral que surge cuando una persona deja de crecer (alrededor de los 18 años). La escoliosis en adultos puede ser resultado del avance de la escoliosis de la niñez o una escoliosis que aparece más adelante por otra circunstancia.

La escoliosis idiopática, es la forma más frecuente de la escoliosis que continúa en la edad adulta. También puede aparecer como resultado de lesiones de desgaste y desgarro en la columna vertebral (enfermedades degenerativas).

La escoliosis que se produce en la edad adulta, ocurre con más frecuencia en las personas mayores de 60 años. Puede ocurrir por una o más de las siguientes causas:

En cuanto a la sintomatología, existen algunos signos característicos, como, por ejemplo: hombros desparejos, un omóplato que parece más prominente que el otro, cintura despareja o que un lado de la cintura parezca más alto que el otro.

El síntoma más frecuente, es la aparición de una asimetría en los hombros o la cadera. Las curvaturas más graves, pueden provocar una inclinación hacia delante o hacia un lado.

Otros síntomas, dependen de la ubicación de la curvatura anormal en la columna vertebral y de la gravedad de dicha curvatura. Algunas personas pueden no presentar ningún síntoma. El avance de la escoliosis puede provocar rigidez o dolor en la espalda, sensación de adormecimiento, debilidad o calambres en las áreas o los miembros cercanos a la curvatura, falta de equilibrio en la columna o cambios en los hábitos de los intestinos y la vejiga, si la curvatura se encuentra en la parte inferior de la espalda.

“Es muy importante diagnosticar la escoliosis precozmente y comenzar un tratamiento de fisioterapia lo antes posible para disminuir su avance […] evitando así el tratamiento quirúrgico”.

Es posible que no se requiera un tratamiento para la escoliosis con síntomas leves que no limita las actividades cotidianas. En este caso, el fisioterapeuta simplemente la controlará, para detectar cambios en la columna vertebral o los síntomas y llevar a cabo un tratamiento preventivo que evite su empeoramiento.

En aquellos casos con más sintomatología, las opciones son aparatos ortopédicos, medicamentos y, por supuesto, fisioterapia, que irá desde masajes a ejercicios específicos que ayudarán a mejorar los síntomas y, a revertir en la medida en que sea posible, el avance de la escoliosis.

Es muy importante diagnosticar la escoliosis precozmente y comenzar un tratamiento de fisioterapia lo antes posible para disminuir su avance e incluso, intentar corregirla, de forma parcial o total, evitando así el tratamiento quirúrgico.

A la hora de tratar la escoliosis, se tendrá en cuenta la gravedad de la curva, la edad del paciente y otros factores, como el estado físico. Si es necesario corregir la curva, la primera opción es, generalmente, un tratamiento no quirúrgico, como el uso de un corsé y la fisioterapia. En los casos más graves se requerirá de cirugía, pero no es lo más común. Se realiza la cirugía para corregir curvas mayores a 45 grados en una columna madura, o curvas que no hayan respondido al uso del corsé.

“…es muy beneficioso el ejercicio en piscina (hidroterapia), ya que mejora la respiración torácica y disminuye los dolores de espalda, favorece la circulación, fortalece los músculos, mejora el desarrollo psicomotor y, además, mejora el estado de ánimo”.

Los diferentes tratamientos de fisioterapia se combinarán con el tratamiento ortopédico. Algunos de ellos son:

  • Reeducación Postural Global: Muy efectivo para la escoliosis que consiste en realizar determinadas posturas de estiramientos de todo el cuerpo de manera suave, progresiva y activa.
  • Inducción miofascial: combinación de presiones sostenidas, posicionamientos específicos y estiramientos muy suave. Con ello eliminaremos restricciones de la fascia muscular y así se equilibra la función corporal alterada.
  • Terapia manual: conjunto de métodos manuales sobre tejidos óseos, musculares, nerviosos y viscerales para equilibrar y normalizar las alteraciones corporales.
  • Fisioterapia clásica: estiramientos y ejercicios con el objetivo de flexibilizar y fortalecer la columna vertebral, ejercicios de movilización para mantener, recuperar y mejorar la capacidad de movimiento articular, sobre todo en columna vertebral, tronco y cintura escapular.
  • Fisioterapia respiratoria: en algunos casos es necesario realizar este tipo de tratamiento para buscar la expansión del lado cóncavo e introducir la conciencia postural con el mayor enderezamiento activo posible, para evitar en la vida cotidiana las posturas que agraven la escoliosis.
  • Método Klapp: serie de posturas y movimientos en cuadrupedia (forma de desplazarse en la que se utilizan cuatro apoyos).

También es muy beneficioso el ejercicio en piscina (hidroterapia), ya que mejora la respiración torácica y disminuye los dolores de espalda, favorece la circulación, fortalece los músculos, mejora el desarrollo psicomotor y, además, mejora el estado de ánimo.

Visita al médico si percibes signos o síntomas de escoliosis. Sin embargo, las curvaturas leves pueden formarse sin que el paciente las perciba, dado que se manifiestan gradualmente y, por lo general, no producen dolor. El médico le preguntará acerca de sus síntomas y antecedentes clínicos. Se realiza una exploración física, y el médico le pedirá que se mueva o permanezca en determinadas posiciones.

La exploración de la espalda y la columna vertebral puede incluir lo siguiente:

  • Evaluación de la postura y la curvatura de la columna en posición recta.
  • Una evaluación de la columna vertebral mientras se encuentra inclinado hacia delante para detectar curvaturas de la columna, joroba en las costillas o anomalías en la espalda.

No todas las curvaturas se detectan con facilidad. El médico puede solicitar estudios de diagnóstico por imágenes para ver con más detalle la columna vertebral y las estructuras que la rodean. Las opciones de estudios pueden incluir: radiografías, mielografía, RMN (resonancia magnética nuclear) o tomografías computarizadas.

También se pueden realizar estudios neurológicos para detectar problemas en los nervios cercanos a la curvatura.

Finalmente, recuerda que, ante cualquier duda, consulta antes siempre con tu médico o fisioterapeuta, para realizar una exploración, valoración y tratamiento, en el caso de que sea necesario.